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¿Por qué los jóvenes japoneses dejaron de tener sexo?

¿Qué significa sekkusu shinai shokogun (síndrome del celibato), oniyome (esposas diabólicas) o soshoku danshi (hombres herbívoros)? Todas estas expresiones nos llegan, cómo no, de Japón, ese país de extremos cuyos medios le ponen nombre a cada fenómeno social. Y son el resultado de un nuevo síntoma en la sociedad nipona: sus jóvenes han dejado de tener sexo.

Lo dicen las estadísticas. Los japoneses menores de 40 han perdido el interés por las relaciones. Ni citas ni sexo. Para el gobierno, el “síndrome del celibato” forma parte de una catástrofe nacional: Japón tiene uno de los índices de natalidad más bajos del mundo; en 2012 nacieron menos bebés que ningún otro año. Con 126 millones de habitantes, temen perder un tercio de la población en 2060.

En Japón, el matrimonio acaba con todos los esfuerzos profesionales de la mujer. Casarse significa tener hijos, “y los largos horarios son incompatibles con la maternidad”, señala a The Guardian una alta ejecutiva japonesa para quien el matrimonio “no es una opción”. Por eso un 70% de las niponas deja su empleo tras el primer bebé, poniendo a este país a la cola de las peores naciones en igualdad de género. Además, la sociedad demoniza a las casadas que trabajan, tachándolas de “esposas diabólicas”.

LOS HOMBRES TAMBIÉN TIENEN LO SUYO

Muchos menores de 40 se han apuntado a esa nueva tribu que se rebela contra la tradición, conocida como soshoku danshi (herbívoros), “hereosexuales sin interés por las relaciones y el sexo”. Una tribu reflejada en un personaje de manga, campeón de artes marciales, que en la intimidad hornea bizcochos y hace ganchillo. El macho nipón ya no es lo que era. Recesión, menores salarios y precios de la vivienda por las nubes convierten en imposible esa costumbre de mantener a la mujer y la familia. ¿Resultado? Rechazan perseguir al mismo tiempo el éxito profesional y sentimental.

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Una última expresión sirve para resumir esa profunda desconexión física que tienen en el país asiático: “el amor de fideos instantáneos, la gratificación fácil y rápida en forma de porno online, novias virtuales o animación”. Lo explica una de las voces recogidas por The Guardian, el escritor Roland Kelts, autor de Japanamerica. “La necesidad de los japoneses de escaparse a mundos virtuales tiene que ver con la falta de espacio físico en una isla superpoblada”. Aun así, gente como la ex dominatrix y actual consejera sexual Ai Aoyama trabajan para recordarle a sus compatriotas que “el contacto físico, el sexo, es una necesidad humana que genera endorfinas, felicidad. Y nos ayuda a funcionar mejor en la vida”.

http://www.theguardian.com/world/2013/oct/20/young-people-japan-stopped-having-sex

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